miércoles, 20 de noviembre de 2013

PERIODISMO E INDEPENDENCIA


Ortega y Gasset (Dirigiéndose al director del diario):
«La prensa no es usted ni soy yo ni las docenas de periodistas madrileños con sus nombres propios e inalienables: es una fuerza histórica elemental y tremenda, sobre la cual tenemos que meditar todos, usted y yo, los periodistas madrileños y los ciudadanos de todas las naciones».


 Sobre este pensamiento quiero hacer algunas reflexiones en torno a lo que es la libertad de prensa y la independencia que deben mantener los medios sin que se pierda la esencia de quienes hemos optado por la misión de informar basándonos en las premisas del respeto a la opinión.
La libertad de prensa se basa en la independencia que tienen los medios, los periodistas y todos los ciudadanos de expresar pensamientos sin someterse a censuras indeseables y de fundar medios masivos como lo señala en su Artículo 20 nuestra Constitución Política. 

Pero, obvio es, que el ejercicio del periodismo implica responsabilidades ante la sociedad y la ley. Los periodistas, los medios y cualquier persona que utilice sistemas de comunicación, deben hacerlo con transparencia, veracidad y conciencia del poder de que disponen, so pena de responder ante las autoridades por el abuso de los mismos.
El mundo moderno ha obligado a la búsqueda de nuevos canales de comunicación, relegando de lejos a la vieja prensa e imponiendo a gran velocidad el internet, llevando, incluso a la radio y a la televisión, el influjo de las redes sociales para no desaparecer del plano en que se han movido en el último siglo.

El avance en la electrónica y la masmedia, impone nuevos criterios de comunicación y la adaptación de sus actores a los requerimientos masivos frente a una población que cada vez más rápidamente, asimila estos portentosos descubrimientos que hicieron que el mundo fuera cada vez más pequeño.
Esa es la razón por la que el periodismo universal está cambiando, de acuerdo con los requerimientos de la sociedad. En muchos países, entre ellos el nuestro, el ejercicio del periodismo no es una profesión y cualquiera con preparación adecuada puede desempeñarse como tal. Las universidades que siguen “fabricando” periodistas no han evolucionado con la velocidad requerida y muchos jóvenes salen a enfrentarse a ciudadanos empíricos que aprovechan los medios a través de blogs, espacios en periódicos y páginas de internet, para difundir sus ideas o las noticias de su comunidad.

Pero los periodistas no deben ser temerosos a perder su labor, pues siempre se requerirá de ellos para investigar las historias, saber escoger los temas, presentarlos oportunamente y someterlos a su propio análisis antes de llevarlos a un  jefe de redacción o a un editor, lo cual no es tarea que se aprenda de la noche a la mañana.
Para conciliar estos intereses han aflorado las páginas de periodismo ciudadano, que se han constituido en los nuevos medios. Y aunque hay miles de ellas en la WEB, pocas saben utilizar la información del ciudadano común y corriente, que bien trabajado podría constituirse en un reportero más de la empresa, al cual sacarle provecho, pues hay que verlo como una fuente directa.

A manera de ejemplo podemos citar lo que ocurre en Siria, en donde existen muy pocos medios, todos controlados por el gobierno y los reporteros extranjeros son escasos. La mayoría de las informaciones salen de los ciudadanos que graban con pequeñas cámaras de video las atrocidades de un país en guerra o toman fotografías y las envían junto con algunos datos a través de teléfonos celulares o clandestinamente por internet para que se difundan a través de los grandes medios del mundo.
Y así como avanza la tecnología, muchos se quedan rezagados en la información, siendo aprovechados por la corrupción y el poder de la economía y la política, que todo lo arrasa a su paso, pero que disponen de los medios a su alcance para sobresalir conquistar pueblos enteros, violándoles su fuero interno, su intimidad y sometiéndolos intelectual y sicológicamente.

La línea editorial y la ética
Por todo lo expuesto anteriormente, es que los periodistas tenemos unas obligaciones con la sociedad que van más allá del simple ejercicio de un oficio y de las consideraciones simplistas de lo que debe hacerse o no hacerse, limitándonos frente a una ética y una moral, urdida por los poderosos para someter a los desvalidos. Para distinguir entre lo bueno y lo malo no hacen falta posgrados ni doctorados; solo tener cinco sentidos.

La objetividad periodística, el equilibrio informativo y la independencia no existen. Cada quien la aplica como le parece y como le conviene. Lo único es que hay que tratar de acercarse lo más posible a ello.
El presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, con ocasión del premio que anualmente entrega esa organización a algunos periodistas, dijo: "Tengo la información suficiente para saber que la independencia es imposible y lo saben todos". Se refería así a que los medios no pueden sustraerse a tomar partido en un tema tan delicado como la emancipación de Cataluña.

Es cierto que la función del periodista es informar a la sociedad sobre asuntos que le sean de interés, circunscrito a la realidad, para lo cual tendrá que verificar datos, investigar, ser honesto y prolífico en la historia que realice. Pero otra cosa son los columnistas o el editorialista del medio, -que casi siempre es el director o alguien muy cercano a él-, quienes pueden, sin temor a hacerlo- comentar, analizar y orientar sobre los hechos que sirven de tema. De eso se trata, el editorialista es el orientador de una opinión. No hay ningún pecado en ello, a no ser que esté inmerso en una incompatibilidad, como hablar de política siendo un político o defender un negocio de una empresa de la cual se es socio o inclinar la balanza hacia un contrato cuando se tienen intereses en él.
Por lo demás, la independencia en la línea editorial no se pierde por el hecho de que en una de las columnas centrales el medio se muestre, en un momento dado, afecto a un personaje o a un criterio político determinado. La independencia se expresa no solo por la posición eventual frente a un hecho, pues el editorialista bien puede criticar luego u oponerse al personaje o al hecho que motivó un determinado escrito si ve que este se aparta de su consideración inicial.

La independencia del medio se refiere no solo a su línea editorial sino a la coparticipación de pensamientos disímiles entre los columnistas. Máxime si entre el grupo de opinión hay quienes escriben con libertad sobre sus propios conceptos económicos, políticos o sociales sin que sean cuestionados por la directivas del medio.
Así como el periódico puede con libertad mostrarse en sus editoriales en contra de un gobierno, bien puede, sin perder su condición de independencia, buscar en un momento dado el apoyo de la comunidad a la cual sirve, para conseguir propósitos que interesan a todos.

El respeto por la opinión comienza por el respeto a sus editorialistas.
Otra cosa es que no se permitiera que quienes integran o integraren el equipo de opinión, o, la misma ciudadanía que acude al medio, no pudieran expresar libremente sus criterios en torno al acontecer diario del país y de la comunidad en general.

Hay que distinguir, sin embargo, entre quienes tienen la facultad de opinar, quienes llevan la línea editorial y los periodistas comunes, estos últimos, quienes deben ceñirse estrictamente a las condiciones establecidas para la información, lo que generalmente está expuesto en el manual de redacción.
En el caso de la información que se genera para un medio de la WEB, la noticia debe ir más adelante de lo que la presentan en la prensa, la radio o la televisión, pues cada historia debe presentarse con un análisis para mayor comprensión del receptor. Ese simple hecho si no sabe manejarse, podría convertir la noticia en un hecho puramente subjetivo.

Especialmente en Colombia, es necesario tomar en cuenta que los grandes medios (prensa, radio, televisión, revistas) pertenecen a conglomerados financieros y a través de la desinformación buscan crear polos de poder político y económico, razones por las cuales el lector indaga por medios alternativos que lo orienten en la toma de sus decisiones.
El nuevo fenómeno

En octubre de 2012, en plena campaña por la presidencia de los Estados Unidos, el diario estadounidense New York Times dio su apoyo a la reelección de Barack Obama en un editorial publicado en el que destacaba los logros como la reforma sanitaria y “el firme compromiso para promover el crecimiento económico”.
El diario neoyorquino aseguró que debido a las políticas económicas, sociales y en asuntos exteriores desarrolladas por el presidente demócrata “apoya de manera entusiasta a Barack Obama para un segundo mandato”, del mismo modo que hizo en 2008.

En su posición fue seguido por otros diarios como el Washington Post, Miami Herald, el Tampa Bay Times, The Angeles Post,  e incluso la influyente revista inglesa The Economist.
De igual manera lo hicieron los diarios Naples Daily News, Orlando Sentinel, South Florida Sun Sentinel y el Tampa Tribune, que apoyaron al candidato republicano Mitt Romney.

No por haber advertido el apoyo a uno u otro candidato, estos influyentes diarios dejaron de ser considerados como independientes ni perdieron su línea editorial.
El periodismo moderno impone otros criterios y especialmente los medios alternativos son los llamados a orientar a la opinión, por encima de la desinformación evidente de los grandes y poderosos medios que manejan las comunicaciones a su antojo.

De la función del periodista se desprende la responsabilidad jurídica, la responsabilidad social y la responsabilidad política, las cuales, a su vez, no pueden separarse de la ética periodística.

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